The only exception

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3.1.10

Chapter six

Lo único que hoy quiero recalcar es que amar en un más que un juego de a dos, es un desafío que se imponen los enamorados, es lo que te da fuerzas cada mañana, es eso que te abre los ojos en el momento adecuado. Como también es lo que no te deja ver a tiempo, es lo que te duele toda tu vida, es el ardor de un corazón desolado que llora y se desangra por aquella herida fatal.

Me desperté de un sueño largo que había durado meses en un mundo de suburbios y mentiras, ilusiones tontas que ahora sufren en un basurero suplicando ser rescatadas.

No lo hice de la mejor manera, pero reaccioné como pude. En esos momentos tanta información y situaciones eran demasiado fuertes como para frenar y pensar en como reaccionar que decir y demás cosas.

Todo me tenía tan confundida, no sabía que hacer, si llorar, morir, partir y dejar todo atrás o enfrentarlo y terminar de una vez con todo esto.

Luego de varios días en una oscuridad profunda y desierta de todo sentimiento alentador, me habló. Fueron tan directas sus palabras que me hicieron despertarme de ese infierno ya sin salida.

Pasé largas horas en la ducha descifrando códigos que tenía hacía tiempo en mi cabeza y que se mantenían ocupados molestándome, divertidos con la idea de saber que yo talvez me quedaría con ellos para siempre.

Harta de golpearme la cabeza contra la pared y hacerme daño inútilmente, decidí mirar una película y pensar en lo sucedido.

La felicidad es lo que nos mantiene vivos, y yo la estaba matando. Sé que muchas veces me equivoco pero cuando sonrío y lo tengo a Él a mi lado pienso que llegar a la felicidad es tan fácil como presionar un botón.

Y sí, los tiempos de cada uno son complicados e inexplicables, pero son aquellos que a la larga nos ayudan a mejoras nuestras relaciones públicas.

Solía sentarme sola en una silla en medio de habitaciones desiertas, pensar durante horas y tratar de aclarar mi cabeza, pero solo lograba desesperarme al no poder ver lo que debería, al no ver lo que quería, al no ver la pura e inaguantable verdad.

Sé que estuve mal, sé que me alejé de Él por motivos obvios, sé que no pude ver esos motivos y es hasta el día de hoy que no los veo. Mi mente reacciona de manera inconsciente y mi cuerpo solo obedece esa petición que aburrida atraviesa mi complicado sistema nervioso, apoderándose de mi frágil y desgastado cuerpo.

En un solo lugar logro concentrarme en mí, logro encontrar lo que nadie ha sido capaz de ver en mi alma. Desolada por mi inhóspita vista hacia la vida, me desangro en mis sueños ya perdidos en los valles de mi mente.

La gente muchas veces comete errores, los reconoce y logra retractarse, pero ¿En dónde ha quedado la delicadeza de las palabras cuando ya no se puede ni ver el reflejo de los cuerpos en un simple y complicado espejo?

Perdida en algunos lejanos bosques llenos de inmortales burlones, me escondo con miedo pensando en todo lo que podría haber sido el continuar con mi vida como si Él no existiera. Las manos tiemblan y logran desarmarse en miles de pedazos que no puedo recuperar, como lo ha hecho ya tiempo mi corazón.

Pasé largos inviernos tratando de rearmarlo, pero ya era imposible, cada parte se fue con alguien y muchos de ellos ya no los veré nunca, otros no quiero verlos y los pocos que veo son los que logran llenarme día a día, ayudándome.

Esta espera por ver que pasará, quema el alma, agita las voces lejanas, hunde las huellas en la cálida arena del caribe, arroja al abismo a los débiles, ahoga las esperanzas y acude a la desesperación.

Si en algo estoy de acuerdo es que del amor nadie se puede escapar, pero ¿si uno intentara evadirlo e ignorarlo? Las preguntas no son solo palabras entre signos, sino también reflexiones que tratan de salir a la luz y ser escuchadas por algún aura de gente humilde que quiere responder sus interrogantes para deshacerse de los incómodos signos que las acorralan.
No sé cómo fue que el mundo se ha vuelto tan loco, tan diferente, tan hipócrita, tan vacío y sin significado alguno que justifique la existencia de nuestros cuerpos en él.
Será tal vez la imberbe razón la que se esconde de nosotros, la que no sabe que hacer cuando la llaman, que con su pereza mata la necesidad, consulta con la desesperación y nos asesina en cuestión de minutos.

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